Odysséas Elýtis: XIII.



Este viento que haraganea entre los membrillos
ese animalillo que liba las vides
la piedra que el escorpión lleva pegada a la piel
y ese hato de espigas en medio de la troje
que se finge gigante frente a los niñitos descalzos.

Las pinturas sobre el “Resucita, oh Dios”4
en la pared que rasguñan los pinos con los dedos
el encalado que sostiene en su espalda los meridianos
y las cigarras, las cigarras dentro de los oídos de los árboles.

Largo verano de yeso
largo verano de corcho
las velas rojas que se inclinan sobre la planicie
esponjas en el fondo del mar    animales muy rubios
armónicas de las rocas
las percas aún con las huellas digitales del malvado pescador
los orgullosos arrecifes en las cañas de pescar del sol.

A la una, a las dos: nuestro destino no lo adivinará nadie.
A  la una, a las dos: el destino del sol lo adivinaremos nosotros.

Traducción: Carmen Chuaqui y Natalia Moreleón

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